Conferencia: "Estados y dioses"

Jueves 18 de junio a las 19.30 h




Estados y dioses

Desde el principio de los tiempos, el hombre ha tenido miedo a los fenómenos naturales que, al ser incontrolables, le parecía que tenían un carácter mágico, superior, por lo que le inspiraban temor. Surge la religión en el momento en que alguien se da cuenta de que, mientras que no es posible dominar la naturaleza, es fácil dominar al hombre. Se dice que los fenómenos naturales representan la ira del ser supremo, que sólo se podrá aplacar por medio de ritos que, por supuesto, indicará a través de sus mediadores. Estos mediadores, que se erigirán en casta, controlan la mente de toda la tribu y, por consiguiente, sus acciones. Surge así un poder, el teocrático, mucho más fuerte que el que había primado hasta entonces: el de la fuerza bruta. Ambos poderes se complementarán, apoyándose el uno en el otro para un completo dominio.
Hay en las primeras civilizaciones una identificación entre el poder temporal y el espiritual en la figura del rey-sacerdote. Esta fórmula no sirve cuando se dan luchas por el poder, tanto internas como externas. Se perfilan así las dos jerarquías de forma independiente: la espiritual y la temporal. Los gobernantes dominarán sobre las personas, los sacerdotes sobre sus mentes.
Con el correr del tiempo el sistema se desarrolla y afianza más y más. Cuando se crea el moderno concepto de Estado, tras la revolución liberal, el poder de la religión será fundamental para el dominio “democrático” de los pueblos. El Estado siempre acaba apelando a un poder superior al género humano. Por medio de la existencia de un ser supremo se justifica la jerarquización social. Con la promesa de la recompensa de ultratumba se consigue resignar a los estratos desfavorecidos de la población.
Sin el miedo impuesto por la religión el Estado puede llegar a ser destruido; sin el poder coercitivo del Estado la religión se desvanece ante la luz del pensamiento humano y los progresos de la ciencia.
Como dijo Bakunin, si Dios existe el hombre es esclavo; ahora bien, el hombre puede y debe ser libre; por consiguiente Dios no existe. Y añadía Einstein que la religión es un intento de buscar una salida donde no hay puerta.

Alfredo G.

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